PREOCUPACIONES Y ANSIEDAD GENERALIZADA

En primer lugar, para comenzar, cabe destacar que las preocupaciones en sí mismas no son desadaptativas, si no que son naturales. Cuando surge algún problema o amenaza nuestro cuerpo se activa para hacerle frente. Aparece ansiedad, junto con la cual se dan las preocupaciones (componente cognitivo de aquella). Ante un problema, inmediatamente elaboramos un curso de acción, es decir, empezamos a pensar qué podemos hacer para resolverlo y cuál puede ser la mejor solución. En este curso de acción aparecen las preocupaciones, que, como decía, son totalmente normales. Lo que ocurre es que pueden convertirse en desadaptativas si no nos ayudan a alcanzar una solución o si nos alejan de la misma.

Las preocupaciones son el protagonista principal del Trastorno de Ansiedad Generalizada, que se caracteriza por una ansiedad y preocupación excesiva a cerca de una serie de acontecimientos relacionados con esferas de nuestra vida como la salud, el trabajo o los estudios. Por lo general, los acontecimientos por los que se preocupa la persona son de baja probabilidad. Los síntomas más destacados son: inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y problemas para mantener o conciliar el sueño. Las preocupaciones van más allá de lo considerado normal, ya que se vuelven incontrolables y ocupan gran parte del tiempo de la persona además de mantenerse de forma prolongada. Además, aparecen sesgos cognitivos que consisten en fijar la atención en estímulos amenazantes y realizar interpretaciones negativas en situaciones ambiguas. Aparece también una baja tolerancia a la incertidumbre muy marcada.

¿POR QUÉ SE MANTIENEN LAS PREOCUPACIONES?

Podemos nombrar tres motivos fundamentales:

  1. La preocupación es reforzante. Estar inmerso en la preocupación, anticipando posibles soluciones a los posibles problemas, reduce los niveles de ansiedad. No es una estrategia útil, pues a la larga lleva a más preocupaciones y a más nivel de ansiedad.
  2. Se tiene una creencia a cerca de su utilidad. Como decía, los acontecimientos (o problemas) por los que se preocupan las personas con un trastorno de ansiedad generalizada son de baja probabilidad. Es muy posible que no ocurran nunca, hecho que la persona atribuye a haberse preocupado.
  3. Preocuparse, evita el hacerse cargo de otros problemas.

La preocupación genera más preocupaciones, formándose de esta manera un círculo vicioso.

¿CÓMO ROMPEMOS EL CÍRCULO?

Tomando conciencia de la preocupación en el mismo momento en el que esta aparece y de cómo se sucede la cadena de pensamientos y la ansiedad. Una vez hecho esto, deberemos llevar a cabo alguna técnica de relajación que reduzca nuestro nivel de ansiedad, poniendo el foco de nuestra atención en las señales de relajación. Además de relajarnos, nos enriqueceremos de claridad mental de cara a la resolución de los problemas, si es que esta depende de nosotros. Posteriormente adoptaremos una postura crítica para no fusionarnos con nuestra preocupación. Nos haremos preguntas a cerca de la probabilidad de ocurrencia de aquello que nos preocupa, si hay algo que nosotros podamos hacer al respecto o es un suceso que escapa a nuestro control, si darle vueltas una y otra vez a lo mismo me aleja o me acerca a una solución, si consigo algo preocupándome, etc.

TÉCNICA DE RELAJACIÓN BASADA EN LA RESPIRACIÓN

Antes de ponerse con el ejercicio de respiración, deberemos de velar por una serie de condiciones: escoger un lugar tranquilo con temperatura agradable, adoptar una posición cómoda, vestir ropa holgada, un asiento cómo y cerrar los ojos.

Pauta fundamental: introducir aire por la nariz y expulsarlo por la boca lentamente al tiempo que prestamos atención a las diferentes sensaciones que experimentamos (el ruido que hace el aire al entrar, cómo se expanden nuestros pulmones y abdomen, etc.). Empezaremos la práctica dirigiendo el aire al abdomen, evitando que el pecho se expanda. Una vez hayamos dominado dicha respiración, practicaremos dirigiendo el aire solamente hacia los pulmones, evitando ahora expandir el abdomen. Una vez consigamos respirar de esta forma, pasaremos a combinarlas, dirigiendo en un ciclo de inhalación/exhalación el aire hacia el abdodmen primero y a los pulmones después. Es necesario realizar una práctica diaria en casa o en diferentes situaciones (entre 3 o 4 veces al día 5 minutos) y cuando nos encontremos ansiosos. De esta manera conseguiremos que la relajación se generalice.

REFERENCIAS

Goleman, D. (1996). Inteligencia Emocional. Barcelona. Kairós.

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