EL DUELO

¿QUÉ ES EL DUELO?

El duelo es un proceso natural y de readaptación desencadenado por la pérdida de un vínculo afectivo y significativo para nosotros. En este blog hemos visto que surge ante un amplio abanico de situaciones entre las que se encuentran la pérdida de un empleo, el fallecimiento de un ser querido, la ruptura con nuestra pareja, el diagnóstico de una enfermedad grave, etc. En las siguientes líneas me centraré en el duelo desencadenado por el fallecimiento de un ser querido.

MANIFESTACIONES DEL DUELO

El duelo puede manifestarse de diferentes maneras, siendo las más frecuentes: tristeza, ira, pena, culpa, ansiedad, miedo, sensación de inseguridad, soledad, pensamientos a cerca del futuro, soñar con el fallecido, tener la ilusión de presencia (con conciencia de que que no es posible), insomnio, trastornos alimenticios, fatiga, debilidad, llanto, conducta distraída, aislamiento social, atesorar recuerdos, visitar o evitar lugares comunes, etc.

ETAPAS DEL DUELO

Por lo general, el proceso del duelo atraviesa 4 etapas que no necesariamente siguen el mismo orden en todas las personas. Su recorrido puede no ser lineal, pudiendo darse una regresión entre etapas. De entre las clasificaciones que existen, yo he escogido la de Alba Payás:

  1. Aturdimiento o choque: es una etapa de reducción del impacto de la realidad. En este punto del proceso, el doliente pierde su capacidad reactiva y se reduce su contacto con la realidad. Tienen lugar reacciones de carácter ambivalente, con respuestas confrontativas (llorar) o evitativas (incredulidad). Aparece ansiedad, hipervigilancia, miedo, pánico, aturdimiento e insensibilidad entre otros síntomas (Payás, 2010). Esta etapa hace que seamos capaces de hacer frente a todo lo que rodea al fallecimiento, como contactar con los demás seres queridos u organizar trámites.
  2. Evitación y Negación: se reduce el impacto de la pérdida. Este período se caracteriza por una dificultad para hablar del ser querido fallecido. Tiene lugar también una cierta ambivalencia, ya que es posible que se hable de manera obsesiva de las circunstancias que acarrearon la pérdida o que se evite hablar de cualquier cosa relacionada con ella. Tienen lugar afrontamientos cognitivos, como la momificación (dejar objetos y espacios tal y como están), la personificación (objetos que representen al fallecido) y objetos transaccionales (que mantienen el vínculo); afrontamientos conductuales, como adicción o el aislamiento; y afrontamientos emocionales, como el enfado o la culpa (Payás, 2010).
  3. Conexión e integración: en ésta etapa el doliente está más abierto a expresar sus sentimientos y conecta con la realidad de la pérdida. Se empieza a hablar de cómo era la persona fallecida, cómo era su relación con ella, qué le gustaba, qué extraña de ella, etc (Payás, 2010).
  4. Crecimiento y transformación: se da una recolocación emocional del fallecido en la que seguimos adelante. Es en esta etapa donde pueden tener lugar cambios en el doliente como una modificación de sus valores, de la visión de si mismo, el mundo y los demás (Payás, 2010). ¿Qué me aporta la pérdida como persona?

Podemos considerar que el duelo no termina, reduce su intensidad y la pérdida no se olvida, si no que se sitúa en un lugar especial, redirigiendo nuestra energía hacia nuevas relaciones y objetivos.

CUANDO EL DUELO SE COMPLICA

Algunas circunstancias de la pérdida pueden dar lugar a una complicación del proceso de duelo. Puede ocurrir que este no se exprese o que nos quedemos estancados en alguna de sus fases. Por ejemplo, en la actual situación de pandemia que estamos viviendo se puede dificultar este proceso generando un duelo desautorizado, que daría lugar a un duelo complicado. Muchos familiares no han podido despedirse se sus seres queridos, bien física o simbólicamente con una misa, ni compartir su dolor con otros familiares y personas más allegadas de su entorno en un velatorio. El ritual de despedida y el apoyo social son esenciales para iniciar un proceso de duelo sano. Otro tipo de desautorización sucede cuando las personas allegadas al doliente no aceptan el duelo, complicando que este sea expresado socialmente. Ejemplos de esto último serían no escucharle o negarle sus sentimientos (por lo general de manera inconsciente).

“QUE MI RECUERDO NO ENVENENE TUS FUTURAS ALEGRÍAS, PERO NO PERMITAS QUE TUS ALEGRÍAS DESTRUYAN MI RECUERDO”, George Sand.

REFERENCIAS

Payás, A. 2010. Las tareas del duelo. Paidós. Barcelona.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *